Friday, September 30, 2005

Nacer Nuevito

Cambié de blog
para ser nuevo en este mundo,
y no relacionado a mi Tatatí,
a fin de mantener,
él y yo,
nuestras respectivas intimidades.

Gracias por los mensajes

LCW.

Thursday, September 22, 2005

La vida se me hace estrecha

La vida se me hace estrecha. Donde quiera que mire, cariño mío te encuentro. Y en la boca de los niños, uno como tú, o como yo, pide.

La luna en el agua va por la sociedad, bajo el puente un niñosueña con volar. La sociedad lo encierra, jaula de metal, el niño envejece sin saber jugar.

¿Cuántos como tú vagarán? el dinero es todo para amar, amargos los días si monedas no hay.

Duérmete mi niño, nadie va a gritar, la vida es tan dura, debes descansar. Otros cuatro niños te van a ayudar, la luna en el aguava por la sociedad.

Duérmete mi niño, nadie va a gritar, la luna en el agua va por la sociedad.

Monday, September 19, 2005

Él vela mis sueños

A la hora siguiente de haber terminado las clases, de haber despedido a los niños y de mis colegas, tomé rumbo a casa de Tatatí. La camioneta se la había llevado mi madre por lo que no me quedó más que hacer dedo, cosa que detesto cuando el valle se llena de turistas de cámara en cuello y mapas de bolsillos. Para mi suerte una camioneta que me es familiar me paró sin que le hiciera dedo y me dejó en Las Placetas.

Recorrí el callejón al costado del colegio, pasé la quebrada, el seco poso de agua, atravesé la villa, subí la colina, viré al norte y a la distancia ví el añañuco, señal de que todos estaban en casa. Solo entonces mi estomago se contrajo. Las ansias de ver a Tatatí, a Artemisa, de pasar un fin de semana en la intimidad del hombre por el que siento amor y que seguro estoy el Universo me reservó, aceleraban mi corazón. Debí buscar sombra bajo un árbol, quitarme las zapatillas y realizar un ejercicio de respiración para que mi ser adquiriera un estado de tranquilidad y paz que me permitiera vivir verdaderamente el momento que me aguardaba.

Entré al sitio sin que los perros ladraran, al parecer algo les mantenía entretenido, y caminé por el zigzagueante camino de acceso hasta dar con el comedor, que originalmente esta fuera de la casa, y allí estaban ellos, alrededor de la mesa servida. Matías le avisó a Tiago de mi presencia y salió a mi encuentro con Artemisa “al apa”. Rompiendo todo lo que esperaba Tatatí extendió sus brazos y comenzó el juego de ser un avión planeando a mi encuentro. Por si hombro derecho podía ver la cabellera de la niña que hacía fuerza por no caer. No pude más y extendí mis brazos para ser el otro planeador hasta estrellarnos en un abrazo. “Que lindo que hayas llegado… te extrañaba” me dijo él. Mis brazos alcanzaron para abrazar incluso a la niña. Ella me saludó con un beso jugoso y risueño. Continuamos camino con abrazados con Artemisa en medio.

Analuz salió a mi encuentro y antes que nos presentaran me saludó con un piquito. A Gonzalo le extendí mi mano, el la cogió y la utilizo para hacer fuerza hasta saludarnos de beso en la cara. Isis se acercó tímida a petición de Tiago y Gonzalo y de la nada me encontré con las dos niñas en mis brazos. Matías apareció con un vaso tremendo y helado de mote con huesillo, el que bebí a medias con ambas niñas. No necesité nada más para saber que estaba entre quienes también eran míos.

Los días fueron generosos.

Estaba preparado para comprender que Tatatí de momento fuera distante o me enviara señas que solo ambos entenderíamos. Pero nada de eso ocurrió. Tiago siempre me pareció alguien transparente, y ciertamente lo es. Hubo tiempo para todo en él, para jugar con su hija, debo decir sus hijas, pues nada decía que no lo fuera, para hablar como pololos con Analuz caminando por ahí y por allá. Parecía un cercano amigo de Gonzalo y para nadie, excepto la niñas, yo no fui sino el hombre que lo acompaña en este camino por estos días, que espero y lucharé para que sean aún muchos más.

Tiago me comentó en la víspera de un amigo que le había comentado que su familia era bien poco común, y lo cierto es que tenía toda la razón. Tiago tiene una cosa que hace de quienes lo rodean su familia, así se siente y sé que así es. Analuz me dijo en un momento de sobre mesa que tenía la impresión de que nos veríamos mucho tiempo más. Yo tengo la misma certeza.

De alguna mágica forma me sentí padre. Me tocó acompañar a Artemisa en una de sus siestas. Cuando intentado subir un árbol queda colgando me llamo en su auxilio. Me cantó, me hizo dibujarle no sé cuanta cosa que jamás le gustó. Me amenazó con castigarme y mandarme a la cama pero sin dormir. Fui padre. Lo fui porque la solidaridad de Tiago, su desprendimiento, su falta de vanidad, su amor me lo permitieron.

Para las fogatas, cuando las niñas dormían y los “grandes” nos amanecíamos, jamás dejó de estar a mi lado, de abrazarme, de bailar conmigo, de contarle nuestra historia una y otra vez a Analuz y Gonzalo, quienes una y otra vez la querían oír. Y a la vez jamás dejo sentirse solo a Matías ni recordarse de sus amigas ausentes.

Tampoco dejó que durmiera en otra cama donde el dormía. Y aun que pueda ser incómodo dormir con dos niñas, para mí fue maravilloso. Amé cuando una noche sentí que Tatatí se despertó y nos abrigó a todos y nos besó en la frente a los tres. Amé saber que él también puede velar mi sueño.

En mis primeros minutos de regreso en casa, solo, ya echado en mi cuarto, no puedo sino desear poder amar más para brindarle todo el amor que sea capaz de sentir a Tatatí. Este hombre que es más hermoso cuando esta con quienes él ama.

Tantas veces soñado, tantas veces supuesto lo que hoy sé una realidad.

Busco y busco y vuelvo a buscar una palabra, una sola, que pueda expresar lo que siento.

“Sí no existe esa palabra que necesito decirte, la inventaré, sé que tu la entenderás”

Thursday, September 15, 2005

Todo se me da

Desde que di con ese yo que permanecía oculto, de cuya conformación no fui conciente, no me he dejado preguntar ciertas cosas. Algún día tendrán respuestas. Por mientras el sol brilla como hace poco no lo hacía. Y yo sé porque.

Asumida mi sexualidad y adquirida una imagen como tal, me preguntaba ¿Qué pasaría con una pareja de hombres homosexuales llevando una vida común y corriente de pareja heterosexual? Claramente el perpetuar la especie no sería un fin pero, ¿Alguien engendra hijos pensando evitar una extinción? Me imaginaba a mi mismo junto a un hombre, ambos normales, varoniles, machos, asumida las sensibilidades y con un proyecto de vida individual plenamente complementarios. ¿Podría vivir como vivieron mis padres?

Ciertamente en esta zona se vive un clima de Tolerancia y Respeto, impulsados principalmente por la coexistencia de tantos credos y no credos, costumbres y desacostumbres. Por lo cual tuve la certeza de vivir una eventual relación bajo cada uno de los rayos del sol.

Mañana ha de ser especial, un día tantas veces supuesto.

Después de las clases me iré a su casa, que dicho sea de paso me encanta. Ya habrían llegado su hija, la hermana de ella, su madre y su pareja. Ya se habrán enterado, las niñas, de un amigo que pasará con ellos el fin de semana, los esposos que yo soy el compañero de Tatati.

Anoche le pedí, entre besos que sabían a horizontes florecidos, la posibilidad de compartir un día, aun que fuera, de estos que se le venían tan especiales. La verdad es que no debía sorprenderme su respuesta, pero sí me sorprendí.

- Yo esperaba que pasaras todo el fin de semana con nosotros.

Respondió con la voz más serena y el ritmo más calmado que alguna vez le oí.

Nunca he ocultado mi condición de hombre homosexual a quien lo haya preguntado. Tatati tampoco. Esta será mi primera vez con un compañero al lado delante de más personas. Y feliz que no sean cualquier personas, sino que algunas muy centrales y gravitantes en su vida.

No fue necesario establecer cierto protocolo de comportamiento. Seremos como cada cual es, pidió Tatati, con las prevenciones que naturalmente surgen en presencia de dos niñas menores de cuatro años. Estoy ansioso de ver la mirada de Tatati a su hija. Ansioso de observar su sonrisa para con ella.

Le he visto abrazar a cuanto niño o niña se le ha acercado, de mascar la misma fruta que un niño con aspecto desaseado mascaba. Recuerdo una tarde en que aun no nos habíamos presentado. El micro lleno en el trayecto desde Vicuña. Adelante una mujer con un niño de unos 5 años que no dejaba de llorar. Unos asientos más atrás yo. Tatati viene desde el fondo, se apoya en el asiento frente al niño y comienza a acariciar el pie del aquel lloroncito. Paulatinamente el llanto cesó. Oí cuando Tatati le dijo su nombre, no oí la respuesta del niño.

¿Cómo crecerá el corazón de ese hombre con Artemisa e Isis en su presencia?.

Por ahora preparo algunas cosillas a modo de obsequio.

Preparo mi corazón a Tatati.

Mi espíritu agradece al Universo.

Monday, September 12, 2005

Lo sabía porque lo sentía

La comunicación entre nosotros no era tarea fácil. 45kms de distancia hacían lo suyo, nos separaban. Sin embargo sabía que respirábamos el aire, el mismo sol nos entibiaba, bebíamos el agua del mismo río. Como sí todo fuera poco, te sentía en mi corazón y me sentía en el tuyo.

Ciertamente el aire me era especial desde hace mucho. Pero conocía el horario en que te echabas en la hamaca del fondo, más allá de huerto, y sabía que en ese instante el mismo aíre respirábamos. No estábamos lejos.

Me habías incitado a crear un diario de vida en línea. Aun así entendí que no me respondieras. Pero el Universo me decía que esa noche vendrías. Muchi, que todo sabía, dijo que no me visitarías. Yo sabía que sí.

Salí el huerto y busque con las palmas hacía la tierra aquellas hortalizas que querían compartir nuestra sita. Saltaron las zanahorias. ¿Recuerdas aquella vez que te conocí junto a Matías…? ¡Comías zanahorias!. Sin lugar a duda vendrías.

Preparé la clase para el próximo martes con el material que me regalaste producto de tu observación “profesional” de la forma de vida en el Valle. En un momento reí de todas tus palabras privadas e inventadas. De las cien formas que tienes para llamar a lo que todo el mundo llama “Cerro”. Pocos ven a cada momento un cerro distinto como lo vez tú y, sí, tienes razón, instante a instante es un nuevo cerro. Reí a carcajada de tus intentos por tener la conciencia del mismísimo segundo pasado. Quisiera que juntos hiciéramos una clase a mis niños, que no son otros que los niños de la poetisa.

Desde temprano te esperaba con el corazón extendido.

Una parte íntima de mi sonrió al verte bajar del “Añañuco” –tal nombre para una carrocería y un motor asiático sólo podía ser tuyo-. Mi corazón daba saltos tremendos de alegría.

No me preocupó tu fisaje ajeno. Me preocupo cuando respondiste al llamado de mi mano a la tuya. Sentí tus dedos fríos y tensos. Les dije que yo apreciaba cada uno de ellos porque eran tuyos. A un paso de distancia sentía mi corazón sincronizado con el tuyo. No dudé un solo instante. A pesar de tu lejanía, de tu seriedad, de tu nerviosismo simulado, percibí en ti el amor que me tienes. El mismo que yo te tengo de aquella vez que te ví por primera vez de la mano de él. ¿Recuerdas?. El mismo amor que sentí aquellos días en la playa. El mismo amor en el puentecito de la casa de Pocho en aquella fiesta.

Mi corazón sabía que venías por él.

Lo supo desde el primer día. Lo supo ese anochecer en la hamaca. Lo supo desde antes que yo te supiera.

“Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos”

Los Viejos en el Valle

¿Qué hace una familia de origen polaca en El Elqui?

Polonia se jodió desde poco antes de la segunda guerra mundial. Mis antepasados judíos se la vieron negra, y la pasaron re mal. Después de la Guerra Polonia pasa de ser parte del Imperio Hitleraiano a ser parte del Imperio Soviético. (Ojo, nada contra el comunismo –partido al que, salvo algunas cosas, adhiero-). Ya durante la guerra los padres que se sabían destinados a la muerte intentaban salvar a sus hijos, y ¿Cómo?, enviándolos lo más lejos posible. Uno de esos horizontes lejanos, tanto para judíos, árabes, gitanos, etc, era Argentina. Lugar al cual llegó mi madre, primeramente, y mi padre después.

Una cosa era estar en un país sin guerra y otra era hacerse de una vida en un lugar donde no se comprendía el idioma. Es así que mi padre comenzó una caminata buscando una posibilidad hasta llegar a la región del Cuyo, donde conoció a mi madre, también polaca pero no judía. Del Cuyo a Chile solo era cosa de unas horas y juntos atravesaron la cordillera a la altura de San Juan y dieron por accidente en el Valle del Elqui. Como buen judío mi viejo comenzó de la nada hasta hacerse negociante y poseer un negocio de abarrotes que hasta el día de hoy atiende en una de las esquinas de la Plaza de Vicuña. Cómo llegaron a la región el mismo día en que nació la poetisa, optaron por radicarse.

Sí bien mi padre es de origen judío, jamás ha sido religioso, ni tampoco sus padres ni su abuelo. Jamás se creyeron el cuento de ser el pueblo escogido y reconoce que antes de Judea, existía Siria-Palestina y que los terrenos que hoy ocupa Israel es de los Palestinos.

Con sólo 25 años debió comenzar una vida en un territorio nuevo y, según el dice, decidió hacerlo de la mejor forma posible, siendo ecologista. De ecologista a “místico” en el Valle del Elqui estaba a un pasito, y sin darse cuenta lo dio.

Mi hermana mayor se llama Gabriela, el que lo sigue “Gabriel” y yo, nacimiento inesperado, Luciano. ¿Adivinarán en homenaje a quién?.

Mi padre murió hace poco, a temprana edad, se fue en el sueño como siempre pronosticó que cada uno de nosotros moriría. Hoy vivo con mi vieja (Mi hermana vive en Guatemala en una reducción Maya y mi hermano participa del MST de Brasil). Estudié pa profe de Historia y Geografía en Valparaíso y hoy doy clases tres días a la semana en distintos colegios del valle.

Soy chileno como mis hermanos y como chilenos se hicieron mis padres

Hoy tengo una lucecita nueva en mi corazón.

Un abrupto FIN a temprana edad de una historia que aún no debe salir aqui.

Me alejé caminando con el convencimiento de que mí vida no volvería a ser jamás tan sencilla y plena de significados como lo había sido aquellos meses, y de que una parte de mi siempre desearía regresar.

Me llevó la mayor parte del día recorrer la distancia que me separaba de la ciudad. No tenía la menor idea como haría para encontrar la agencia de viajes que me indicó As. Ví la autopista, pero no creí beuna idea caminar por ella, así que seguí entre la arena y la maleza.

En cierto momento me volví para miara atrás, y justo entonces una ráfaga de viento borró mis pisadas sobre la arena.

Poco a poco comencé a ver gente. Las esquivé todo cuanto pude hasta que hacer era inútil. Estaba en medio de ellos. Cuando me acercaba a ellos me abrían el camino con incredulidad. El día anterior yo tenía todo lo que necesitaba; alimento, agua, cariño, cuidados, apoyo, una familia y mucha risa. Pero ese mundo había desaparecido. Era un vagabundo sin siquiera una bolsita con mis pertenencias. Mi relación con los desheredados del mundo cambió para siempre desde entonces.

Intenté solicitar ayuda para dar con la agencia, pero la gente huía de mí. Yo sabía que olía mal, hacía dos semanas que me había bañado. Recorrí unas calles y di con un grupo de niños que parecían esperar locomoción de regreso de la escuela. Me miraron y rieron de mis pies que más bien parecían pezuñas. Sabía también de mi aspecto horrible, escasez de ropa, barba larga y mal mantenida, despeinado de hacía meses. La piel del rostro y de los hombres se me había pelado tantas veces que estaba llena de pecas y manchas. Sus miradas me confirmaban que apestaba.

Siguiendo las instrucciones de As di con la plaza y al doblar en la esquina por donde se pone el sol, a dos cuadras de ahí, estaría la agencia de viajes. Me presenté escribiendo mi nombre en un papel. La mujer que me atendió roció el escritorio y a mi con un aerosol. Sin embargo, y sin mayor trámite, me hizo entrega de un sobre sellado con mi nombre. En su interior mi pasaporte, un boleto de avión y dinero en moneda local y unos dólares. Me retiré en silencio. Tomé un taxi, de estos que son tirados por un ser humano, y a través de seña conseguí que me llevara a un mercado económico donde pude comprar ropa occidental: unas poleras, pantalones largos para ellos y que para mi eran tipo pescadores, un calzado de lona, shampoo y un peine. El mismo taxista me llevó aun hotel con todas las características de un motel chileno.

Estuve horas en una bañera sin importarme las manchas oscuras de hongos en la pared. Dos días más tarde un avión Aeroflot con destino Moscú y conexión Buenos Aires. Trasbordo a Aerolíneas con destino Santiago. Durante las largas horas de vuelo pude descansar mis pies de la presión de las zapatillas y solo meses después, cuando las callosidades habían desaparecido a punta de remojo en agua tibia y piedra pome, volví a usar un calzado sin que me resultara incomodo.

Mis padres y hermanos me esperaban en el aeropuerto. Gracias a una escala en Shannon, Irlanda, pude llamarles para avisarle de mi regreso. Cómo no portaba bolso ni nada que se le parezca, mi documentación la aprisionaba con la pretina de mi pantalón.

Ya en casa descubrí que me sentía sumamente agradecido de muchos objetos, como el cojín donde apoyaba la cabeza, el rollo de papel higiénico, intenté una y otra vez comunicarme con la gente nómada que llegue a amar. A los míos intenté una y otra vez explicarle de aquellas personas, se su forma de vida, su sistema de valores y de su preocupado mensaje sobre el planeta. Cada vez que me enteraba sobre algo nuevo que amenazara el medio ambiente y las predicciones sobre la posibilidad que aún las más extensas selvas del planeta terminaran en astillas, sabía que era cierto; ellos debían partir para siempre. Apenas podían sobrevivir con los alimentos que la vida moderna, las nuevas ideologías y la tecnología le habían dejado, por no hablar del efecto de futuras radiaciones. Tenían razón cuando decían que los seres humanos no producimos oxigeno; ésta es tarea reservada a árboles y plantas. En sus palabras “estamos destruyendo el alma del planeta”. Nuestra avidez por la tecnología a puesto al descubierto una profunda ignorancia que es una seria amenaza para toda la vida, una ignorancia que solo el respeto por la naturaleza puede remediar. Ellos se han ganado el derecho a no perpetuar su raza en este planeta superpoblado. Desde el principio de los tiempos han sido gentes sinceras, honestas, y pacíficas, que no han dudado jamás en su relación con el universo.

No conseguía y no consigo comprender porque las personas no muestran interés en sus valores. Me di cuenta que veían una amenaza en comprender lo desconocido, en aceptar lo que parece diferente, en creer que es ciencia ficción o una creación del gran Jodorowski. Intenté explicar que quizá nuestra conciencia se ensancharía, que quizá solucionara nuestros problemas sociales, y que tal vez incluso podría curar nuestras enfermedades. Fue como hablarle a la pared.

Parecía que la siguiente etapa de mi viaje vital escapaba a mi control, pero en realidad estaba siendo dirigido por el más alto nivel de poder. El Universo.

Durante mucho tiempo mis pensamientos y sentimientos sobre aquellos seres permanecen envueltos en papel de regalo y sellados en mi corazón. Como yo no los busqué, tampoco deberé buscar a quien quiera saber de sus enseñanzas. Aquella gente ha afectado mi vida con tanta intensidad, que sé que es mejor callar porque preveo una reacción negativa, y ellos ni el Universo lo merecen. Poco a poco he notado entre mis amigos de siempre un auténtico y creciente interés. Personas que comprenden que los hechos no pueden deshacerse pero si cambiarse.

Cierto, ellos un día no estarán y ni la ONU se enterará, pero quedara su mensaje entre nosotros, a pesar de nuestro estilo de vida y actitudes cubiertas de una suerte de felicidad. Ahora sé que todos tenemos dos vidas: la que nos sirve para aprender y la que vivimos según ese aprendizaje. Ha llegado la hora de escuchar los asustados lamentos de nuestros hermanos y hermanas y de nuestra propia tierra adolorida. Tal vez el futuro del mundo se encuentre en mejores manos que las nuestras.

Si es por el bien supremo de la vida en todas partes, bienvenida la tecnología que puede alimentar y sanar a toda la población del planeta si, tan solo, nos olvidáramos de la guerra, la moda, el capitalismo y exitismo.

Tengo la intención de hacer uso el resto de mi vida de aquellos conocimientos. ¡De todos!, ¡Incluso de la ilusión!.

Como cada octubre partiré durante un mes lunar entre las quebradas y montañas que me rodean, sin más que una muda de ropa y una botella de agua. Ahora que tú has entrado en mi vida espero que me acompañe. Seré muy feliz. Como te dije hace pocas noches, ¡Quizá El Universo nos presentó!

Mutante

Regalo de Cumpleaños -IV-

La increíble mezcla oleaginosa curativa, que se hacia cosiendo hojas y eliminando el residuo, hizo su efecto. Finalmente el alivio en mis pies me dio el valor necesario para pensar en volver a levantarme. Un poco más lejos, a mi derecha, un grupo de mujeres parecían haber montado toda una cadena de producción. Recogían grandes hojas; mientras otras hurgaban en matorrales y árboles muertos con un largo palo, otras sacaban un puñado de algo y lo ponía sobre las hojas. Luego se tapaba el contenido con una segunda hoja, se doblaban y entregaban el paquete a otra que echaba a correr hacia la fogata y lo enterraba entre las brazas. Sentí curiosidad. Aquella iba a ser nuestra primera comida juntos. El menú que me había preguntado desde hacía rato. Me acerque cojeando para verlo más de cerca y me quede atónito. La mano que hurgaba sostenía un largo gusano blanco.

Volví a respirar hondo. Había perdido el número de cuantas veces me había quedado mudo durante el día. Una cosa era segura: ¡jamás llegaría a estar tan hambriento como para comerme un gusano! Pero en aquel mismo momento estaba aprendiendo una lección: nunca digas “jamás”. Desde entonces he intentado borrar esa palabra de mi vocabulario. He aprendido que prefiero ciertas cosas y otras las evito., pero la palabra “jamás” no deja espacio para las situaciones inesperadas, y “jamás” implica un lapso de tiempo demasiado largo.

La noche era un autentico gozo entre la gente; contaban historias, cantaban, bailaba, jugaban y tenían conversaciones íntimas. Fueron unos días de increíble y autentica participación. Siempre había actividades que realizar mientras aguardábamos a que se prepara la comida. Se daban muchas friegas y masajes en los hombros, espalda, e incluso en el cuero cabelludo.

No tardaron mucho en sacar los recipientes de hojas dobladas de entra las brasas. Me extendieron la mía con la devoción de una madre. Todo el mundo abría la suya y se comía el contenido con los dedos. Mi cena, que sostenía con una mano, estaba caliente, pero no se movía, así que reuní el valor suficiente para mirar su interior. El gusano había desaparecido y había una mezcla café, como un puré. “Creo que con esto sí podré” me dije, lo probé… y estaba bueno.

Aquella noche me explicaron que habían tenido noticias mías por unos amigos europeos, a quienes mi padre había contactado hacía tantas lunas –supuse que al menos un año- pidiendo me aceptarán en este viaje. Para ello había enviado cartas que le había escrito a él y a mi madre, los europeos las tradujeron. También conocían algunas de mis esculturas en madera. Las ceremonias iniciales habían sido pruebas, por las que me consideraron aceptable y digno de adquirir el conocimiento de la auténtica relación de los humanos con el mundo en que vivimos, con el mundo del más allá, con la dimensión de la que procedemos y la dimensión a la que todos habremos de regresar. Iba a serme revelada la comprensión de mi propia existencia. La primera verdad: El regalo de mis padres no era el viaje en sí, ni el avión, ni las visas… el regalo de cumpleaños recién comenzaba.

As dijo algo al grupo y cada uno de sus componentes me dijo algo a mí. Me informaban de sus nombres. Las palabras me resultaban difíciles, pero afortunadamente los nombres tenían significado. Cada quién recibía un nombre al nacer, entendiendo que al crecer lo cambiaría. Era de esperar que el nombre de cada persona cambiara varias veces durante su vida a medida que su sabiduría, su creatividad y sus objetivos se definan así mismo con mayor claridad al transcurrir el tiempo. En nuestro grupo se hallaba Cuentista, Hacedor de Herramientas, Guardiana de los Secretos, Maestra en Costura y Gran Música, entre otros.

As me señaló y repetía las mismas palabras a cada uno de ellos. En un comienzo pensé que intentaba pronunciar mi nombre y que erraba. La palabra que usaron aquella noche, y el nombre por el que me nombraron durante todo el viaje fue “Mutante”, que en su idioma sonaba algo así como “Lushk” –De regreso a mi familia les pedí que me llamaran “Luc” y cada vez que lo hacían escuchaba que me llamaban Mutante-.

Estaba oscureciendo cuando me plateé el método más aceptable para hacer mis necesidades. El único medio consistía en alejarse aun poco, cavar un hoyo y luego tapar lo depositado. Me advirtieron tener cuidado con las serpientes que se ponen de lo más activas entre el ocaso y la noche. A esas alturas la falta de papel era una de mis últimas preocupaciones.

Cuando regresé al grupo compartimos una bolsa comunitaria de te. Se hacía echando rocas calientes en un recipiente de agua. El recipiente había servido previamente como vejiga de algún animal. Se añadían luego hierbas silvestres al agua caliente y se dejaba reposar. Este extraordinario recipiente fue pasando de uno en uno en ambos sentidos. ¡Estaba buenísimo!.

Después cada cual comenzó a limpiar una franja de suelo y sacó un atado de piel de animal enrollado del fardo común que transportaban. Una anciana me había estado mirando toda la noche con rostro inexpresivo.

- ¿En qué esta pensando? – pe pregunté a As.
- En que has perdido el aroma a flores y en que probablemente provienes del espacio exterior. –Sonreí y ella me entregó mi atado de pieles. Su nombre era Maestra de Costura. As continuó- Lo puedes usar para ponértelo debajo, en el suelo, para cubrirte o para apoyar la cabeza.

“Fantástico –me dije- así podré elegir el medio metro de mi cuerpo que quiero tener cómodo”

Hacía tiempo que no había dormido en el suelo. Recordaba haber pasado una noche sobre una plana roca en el Valle de La Luna, con mis padres siendo yo niño. Mientras yacía allí, pensaba en mi aventura. ¿Cómo podría describir lo ocurrido aquel día? Se había abierto una puerta y yo había entrado en un mundo que no sabía que existiera. Obvio que no era una vida de lujo. Supuse que estaría bien después de todo.

A día siguiente les explicaría al grupo que en realidad tenía más que suficiente con un día para apreciar su cultura. Mis pies resistirían el viaje de regreso al jeep. Tal vez podría llevarme un poco del magnifico ungüento para los pies, porque realmente había funcionado. Me bastaba una muestra de su estilo de vida, aunque el día n había sido tan malo, salvo para mis pies.

En el fondo les estaba agradecido por haber aprendido nuevas cosas sobre el modo de vida de otras gentes. Empezaba a comprender que por el corazón humano pasaba algo más que sangre. Cerré los ojos y articulé un silencioso “gracias” al más alto poder.

Alguien del otro lado del campamento dijo algo. Lo repitió otro, y luego otro más. Se lo estaban pasando, diciendo todos la misma frase, entrecruzando las voces de las figuras recostadas. Finalmente la frase llego a As, cuya estera era la más cercana a la mía. Se volteó y me dijo: “Gracias; éste es un buen día”

Algo sobresaltado por su respuesta a mis pensamientos no expresados, contesté con un “gracias”, esta vez en vos alta.

Sunday, September 11, 2005

Milagro en los Pies

"Regalo de Cumpleaños -III-"


Había recorrido una corta distancia cuando noté un dolor punzante en mis pies. Miré y noté que se asomaban unas espinas. Me las arranqué, pero cada vez que daba un paso me clavaba más. Intenté avanzar saltando sobre un pie y extrayendo al mismo tiempo las espinas del otro. A los miembros del grupo que se volteaban para mirarme les debió parecer cómico. Sonrieron de oreja a oreja. As se detuvo para esperarme, y la expresión de su rostro parecí más compasiva cuando dijo: “Olvídate del dolor. Sácate las espinas cuando acampemos. Aprende a resistir. Fija la atención en otra cosa. Después nos ocuparemos de tus pies. Ahora no puedes hacer nada”.

La frase “Fija la atención en otra cosa” fue la que tuvo mayor significado para mi. Intente comprender cuando y por que extraña razón mis padres me enviaron a este viaje. Me preguntaba si mis hermanos mayores pasaron por lo mismo. Pero no, claro, la mayor fue aun viaje de meses el norte de México, a su regreso no trajo sino que unos tequilas y un polvo de un color un tanto anaranjado que regalo a mis padres. El segundo se fue a un viaje de meses, también, al corazón de la selva amazónica y a su regreso se le podía ver hablando con las plantas, el río, el cielo, las piedras, con todo lo que le rodeara. Durante esa caminata note que aquellos viajes de mis hermanos habían sido una suerte de fin de capitulo e inicio de otro. Ninguno fue el que era. ¿Dejaría yo de ser el Luciano que era?. Claramente mis padres conocían perfectamente a lo que nos enviaron, y claro, seguro estaban que yo podía resistir este viaje, de otra forma su amor por mi no les hubiera permitido enviarme.

Al cabo de un rato nos detuvimos a descansar un rato y descubrí que la mayoría de las espinas se habían partido. Los cortes sangraban y las espinas se me habían metido bajo la piel, dejándome los pies hinchados, lacerados, rojos. Por suerte de niño me gusto no usar zapatos, pero claramente mis pies no estaban en lo absoluto preparados para el trato que les aguardaba. El dolor no cesaba y me brotaba sangre de todos los tonos, desde el rojo brillante al café oscuro. Finalmente se me quedaron insensibles.

Caminábamos en completo silencio. Parecía muy extraño que nadie hablara. La tierra estaba caliente, aunque no quemaba. El sol era calido pero no insoportable. De tanto en tanto el mundo parecía apiadarse de mí y me proporcionaba una leve brisa de aire fresco. Cuando miraba más allá del grupo solo podía ver montañas que amenazaban el cielo. Una gran ave de la nada apareció y sobrevoló encima de mi cabeza en círculos. Sentí que en cierto modo vigilaba mi avance. No se acerco a ninguno de los otros, pero yo tenía un aspecto tan diferente a los demás que pensé que tal vez necesitaba inspeccionarme más de cerca.

Sin previo aviso, la columna dejó de caminar hacía el frente y se desvió. Me cogieron por sorpresa; no se había dado ninguna instrucción de variar el rumbo. Todo el mundo pareció darse cuenta, menos yo. Pensé que tal vez ellos se supieran el camino de memoria, pero era evidente que no seguíamos ningún camino. Caminábamos sin rumbo.

En silencio me resultaba fácil observar mis pensamientos huyendo de un tema a otro. ¿Estaba ocurriendo todo aquello realmente? Quizá fuera un sueño. Caminar tres cambios completos de luna ¡No era posible! Habían oído mí grito se auxilio ¿Qué significaba eso?. Era algo a lo que estaba destinado… Que bromita. No es que la ilusión de mi vida fuera precisamente sufrir caminando durante meses. En aquel momento no creía que estuviéramos fuera más de un día, como mucho. Después de todo, no había nada a la vista para comer o beber.

A medida que avanzaba el día, tenía tantos cortes en las plantas y los lados de los pies que los cortes, la sangre coagulada y las hinchazones rojizas le daban el aspecto de unas extremidades feas, insensibles. Mis piernas estaban rígidas, los hombros quemados me dolían, y tenía el rostro y los brazos en carne viva. Por mi color de piel jamás soporte el sol más que moderadamente bajo los árboles y con bloqueadores apto para guaguas. Ese día caminamos durante unas tres horas. Los límites de mi resistencia se expandían una y otra vez. A veces creía que de no sentarme pronto me desplomaría. Entonces ocurría algo que atraía mi atención. Aparecía el ave y sus sonidos sobre mi cabeza, o alguien se ponía a andar a mi lado y me ofrecía un trago de agua de un recipiente de aspecto desconocido que llevaba atado a su cuello. Milagrosamente la distracción me daba alas, me proporcionaba nuevas fuerzas, un nuevo soplo de aire. Por fin llegó el momento de detenerse para pasar la noche.

Inmediatamente todos tuvieron algo en que ocuparse. Encendieron un fuego sin usar fósforos sino dando vueltas unos palitos, como las imágenes de libros de historia. Algunos recogieron leña, y otros plantas. Dos hombres habían compartido una carga durante toda la tarde. Lo depositaron en el suelo y sacaron varias cosas.

Una mujer muy anciana se acercó a mí. Parecía tan vieja como mi abuela. Sus cabellos tenían la blancura de la nieve. Su cuerpo era esbelto, fuerte y flexible. La anciana se quito una pequeña bolsa de piel que llevaba atada a su cintura y vertió algo que parecía vaselina en su mano. Me enteré que era un ungüento de aceite de hojas. Señaló mis pies y yo asentí a su ofrecimiento de ayuda. La mujer se sentó frente a mí, puso mis pies en su regazo, me frotó la pócima en las llagas hinchadas y entonó una canción. Era una melodía tranquilizadora, casi como para dormir un niño. Le pregunté a As cuál era su significado:

“Le esta pidiendo perdón a tus pies –me contestó-. Les dice que los aprecias mucho. Le dice que todo el mundo en el grupo aprecia tus pies, y les pide que se pongan buenos y fuertes. Hace sonidos especiales para curar heridas y cortes. También emite sonidos que extraen los fluidos de la hinchazón. Pide que tus pies se vuelvan fuertes y duros”.

No fueron imaginaciones mías. Realmente noté que la quemazón, el escozor y el dolor de las llagas empezaban a aplacarse, y sentí un alivio progresivo. Mientras permanecí sentado con los pies en aquel regazo maternal, mi mente desafío la realidad de aquella experiencia. ¿Cómo había ocurrido? ¿Dónde había comenzado?

Saturday, September 10, 2005

El Grito S.O.S.

"Regalo de Cumpleaños -II-"

El interior de la construcción de lata ondula estaba oscuro y el calor se acentuaba por una fogata en el centro. Sin sillas ni ventilador ni lámparas, aquella construcción precaria solo cumplía la función de dar sombra. Mis ojos no tardaron en acostumbrarse a la penumbra y el humo. Pude distinguir más personas, todos en iguales atuendos rojo-amarillo, de estatura mediana, quizá un metro setenta. El que me seguía en altura solo me llegaba al hombro. Todos eran de piel morena y curtida por el sol y el frío, lo que le daba una extraña tersidad.

Mi mirada fue atraída por el hombre del centro. Tenía los cabellos negros salpicados de gris, y la barba recortada acentuaba la fuerza y dignidad de su rostro.

El hombre tendió sus manos hacia mi, sonriente. Cuando miré sus ojos negros y aterciopelados tuve una sensación de paz y seguridad absolutas. Creo que tenía el rostro más amable que jamás he visto.

No obstante, mis emociones eran contradictorias. Los rostros tercos y los hombres de pie al fondo, con una especie de afiladas me atemorizaban y, sin embargo, todos tenían una agradable expresión, y un sentimiento de bienestar y amistad parecía impregnar el ambiente. Conseguí controlar mis emociones juzgando mi propia estupidez. Aquello no se parecía ni remotamente a lo que mis padres me anunciaron como “un viaje extraordinario”. Ni ensueños habría podido imaginar una atmósfera tan amenazadora en la que hubiera tanta gente de aspecto amable. Sí mi cámara no hubiese sido consumida por el fuego hubiese podido hacer lindas diapositivas para mi familia y amigos.

Mi inquietud se desvaneció cuando el guía, a quien luego comenzaría a llamar como As, me presentó el grupo. Los hombres se referían al hombre fraternal como Anciano. No era precisamente el más viejo pero sí una suerte de líder.

Desde un costado en el cual no reparé comenzaron a ingresar mujeres. Vestían similar atuendo que los hombres, además de un paño atado a las caderas. Una mujer comenzó a chocar unos palitos y luego otras la siguieron. Los que portaban lanzas comenzar a golpear el suelo con ellas, y algunos daban palmadas que no llegaban a ser aplausos. Todo el grupo empezó a cantar como letanías. Con un ademán de mano me invitaron a sentarme en el suelo. Al terminar una canción se iniciaba otra. Algunas veces una mujer bailaba sola, en otras los hombres bailaban solos, de pronto bailaban en pareja. Estaban compartiendo su historia conmigo.

Lentamente los cantos acabaron y también los bailes. Tan sólo quedó un ritmo muy regular que parecía sincronizado con los latidos de mi corazón. Todos permanecieron inmóviles y en silencio. Miraban a si líder. Éste se puso de pie y se ubico frente a mí, con una sonrisa en los labios. Reinaba una indescriptible atmósfera de armonía. Yo tenía la sensación que lo conocía desde siempre, como a mi padre o algún tío, pero no era cierto, claro.

El líder sacó una bolsita de no que sitio de su ropa. Lo sacudió sobre mi cabeza, lo abrió y dejo caer bolas de incienso. Otros hombres y mujeres marcaban en el suelo donde habían caído. Las recogieron, le líder las volvió en la bolsita y me las pasó. Me puse de pie, mire a As buscando una indicación. Pero nada. Sacudí la bolsa, la abrí y dejé caer el incienso sin controlar nada. Dos hombres midieron con los pies la distancia entre las mías y la del anciano. Murmuraron algo que As ni siquiera intentó traducirme.

Volvieron todos a sentarse en rededor del fuego. El mismo hombre que quemó mis pertenencias me indicó con el dedo que me acercara a la fogata y al igual que antes, me envolvió en un aura de humo sofocante. Volví a tomar asiento y el grupo comenzó a orar durante largos minutos, quizá horas.

De pronto todos de pie. Unas mujeres apagaban el fuego y otras recogían algunas cosas del suelo. Uno a uno salía de la choza de lata. As fue el último y casi al llegar a la puerta regresa y dijo:

- Ven. Nos vamos.
- ¿Adónde vamos? –pregunté.
- De….. (no entendí)
- ¿Adónde?
- De peregrinaje.
- ¡Fantástico!. ¿Cuánto dura esto?
- Aproximadamente tres cambios completos de luna.
- ¿Te refieres a caminar durante tres meses?
- Si, aproximadamente.

Suspiré profundamente intentado velozmente ordenar mis pensamientos. Luego anuncié a As, que permanecía esperándome a unos pasos:

- Bueno. Esto suena muy divertido e interesante, pero verás, no puedo llegar e irme de excursión por tanto tiempo sin antes hacer algunas llamadas, ver el tema del hotel, mandar unos mail, mis remedios para el asma. No puedo llegar y perderme en un país tan extraño sin avisarle siquiera a mis padres.

As me miró y cogió mi hombro.

- Todo esta en orden. Todo el mundo sabrá lo que necesite saber. Mi gente escucho tu grito de auxilio y si alguien hubiese votado en tu contra no te invitarían a este viaje. Te han puesto a prueba y te han aceptado. Es un gran honor que no puedo explicar. Debes vivir la experiencia, es muy importante que lo hagas en esta vida. Es para lo que has nacido. La Divina Unidad ha intervenido, es tu mensaje.

“Ven, síguenos”- dio media vuelta y se alejó caminando.

Yo me quedé ahí parado, mirando el paisaje. Era vasto y desolado, aunque hermoso y parecía durar y durar y durar. Reparé que cuando veníamos en el jeep no había carretera, solo giros y giros y más giros durante horas. No tenía zapatillas, ni agua ni comida. La temperatura de la cordillera más alta del planeta es alta de día y bajísima de noche. Me alegraba haber obtenido todos lo votos en la primera elección que participaba pero ¿mi voto?.

No quería ir. Me pedían que pusiera mi vida en sus manos. ¿Mis padres sabrían de antemano esto?, no logré respuesta. Acababa de conocer a esa gente con la cual ni siquiera podía hablar. ¿Y sí perdía mis cosas en el hotel?. ¡Era una locura! ¡Por supuesto que no podía irme!

Pensé: “Seguro que hay dos partes. Primero juegan aquí, y luego salen y juegan un poco más allá. No irán muy lejos, no tienen comida. Lo peor que podría ocurrirme es que quisieran que pasáramos la noche a la intemperie. Pero no, de solo mirarme sabrían que no busco realizar una hazaña de fe. Soy un tipo formalito al que los padres le regalaron un viaje nada más. Pero –proseguí- puedo hacerlo si es necesario. Me mostraré firme puesto que pagué una noche en el hotelcito. Les diré que debo regresar mañana antes de la hora en que debo dejar la habitación. No voy a pagar una noche más solo por complacer a esta gente estúpida”.

Contemplé al grupo, que seguía caminando y cada vez parecía más pequeño. Cuando más tiempo pasaba pensando en que hacer más se alejaban de mi vista. “De acuerdo Dios, sé que tienes un peculiar sentido del humor, pero esta vez de verdad que no entiendo”.

No estaba atado ni amordazado. Pero me sentía prisionero. Me parecía ser victima de una marcha forzada a lo desconocido.